La Sonrisa Etrusca

Cartel de la obra "La Sonrisa Etrusca".

: José Luis Sampedro.

: José Carlos Plaza.

: Héctor Alterio, Julieta Serrano, Nacho Castro, Olga Rodríguez, Israel Frías, Carlos Martínez Abarca, Cristina Arranz, Sonia Gómez Silva.

: Pentación Espectáculos.

: 120 minutos.

: Spanish

Sinopsis

El camino hacia la ternura, ese sería otro buen titulo de esta historia o las nuevas posibilidades impredecibles, sorprendentes nunca tardías o el futuro propio en los demás, serían otras imposibles síntesis de esta compleja historia de un alma que José Luis Sampedro nos ofreció hace ya más de veinte años.

La sonrisa de la verdadera felicidad, la sonrisa del amor profundo, la del que nada pide y todo da, la sonrisa duradera, más allá del tiempo y del lugar.
La sonrisa que justifica y compensa toda una vida. Una sonrisa que llega al final cuando vemos nuestros errores y nuestros aciertos, cuando somos capaces de reconocer lo que verdaderamente importa y de lo superfluo que resulta lo que antes creíamos fundamental.
La sonrisa dulce, tierna, algo burlona y enormemente placentera que cierra significativamente el ciclo vital de un ser que fue violento, justo e inflexible en sus convicciones, endurecido por la guerra y por la lucha diaria contra una agreste naturaleza indomable, el ciclo vital de un hombre seco, profundo, radicalmente honesto consigo mismo pero incapaz de comprender las debilidades del otro, los matices de la existencia cotidiana o las diferentes maneras de pensar y de existir.
El camino hacia la ternura, ese sería otro buen titulo de esta historia o las nuevas posibilidades impredecibles, sorprendentes nunca tardías o el futuro propio en los demás, serían otras imposibles síntesis de esta compleja historia de un alma que José Luis Sampedro nos ofreció hace ya más de veinte años.
El carácter de Salvatore, alias Bruno, siempre nos deleita, puede asustarnos un poco, eso sí, quizás porque nos reconozcamos en muchos de sus comportamientos por muy primarios que a primera vista parezcan. Por ejemplo: su rencor infinito a sus enemigos, su fundamentalismo en lo que debe ser, su orgullo indomable, pero hay algo que nos hace admirarle y quererle: su profundísima humanidad. El calor de su pasión nos lo hace cercano aunque lo sintamos equívoco; la ingenuidad de sus planteamientos, su pudor excesivo, su candidez lo vuelve entrañable y sobre todo su enorme capacidad de amar.
Y, sorprendentemente, la vida le ofrece, en este su final, la posibilidad, la grandiosa posibilidad de poder volcar ese potencial, de derramar, de desbordar su amor hacia un ser indefenso que empieza a vivir.